(spoiler: probablemente sí)

Vale, hablemos de un tema que nadie pone en el marco de la pared: los discos duros.
Cada sesión que hago —cada boda, cada recién nacido con los puños cerrados como si fuera a pelear con el mundo, cada familia que se ríe porque el peque se ha empeñado en mirar para otro lado— acaba convertida en un archivo. Y ese archivo no flota en una nube mullida hecha de buenas intenciones. Vive en discos duros de verdad, de metal, que zumban en un rincón de mi despacho como si fueran mascotas exigentes: hay que alimentarlos, cuidarlos, hacerles copias, y rezar un poquito para que no decidan jubilarse sin avisar.
Así que sí: guardo tus fotos. Las mimo, las duplico, hago copias de las copias como si fuera una ardilla acumulando piñones para el invierno. Pero mantener ese ejército de discos con vida tiene un coste muy real —en espacio, en tiempo, en dinero— y hasta ahora ese coste corría por mi cuenta, en plan silencioso y un poco mártir, como si hablar de dinero fuera a estropear la magia del «aquí tienes tus recuerdos».
Pues eso se acaba. O bueno, se ajusta un poquito. 🎬

El drama de siempre
Te entrego tus fotos, felices y en su mejor calidad, y a partir de ahí son tuyas para toda la vida: guárdalas donde quieras, en tu ordenador, en un disco, en la nube que más confianza te dé. Yo te lo recordaré con la pesadez cariñosa de una madre, lo prometo.
Pero luego pasa lo que pasa: el móvil se cae al váter, el disco se formatea «sin querer queriendo», alguien borra la carpeta equivocada un domingo a las tres de la mañana. Y ahí llega el mensaje clásico: «Oye… por casualidad… ¿las tendrás tú todavía?»
La respuesta, casi siempre, es que sí. Sigo teniendo tus fotos guardadas como oro (o como discos, en este caso). Y esa alegría os la seguiré dando, faltaría más. Lo único que cambia es que ahora esa magia va a llevar una pequeña etiqueta de precio, para que mis discos —y yo— podamos seguir aguantando el tirón sin acabar hablando con ellos como si fueran personas.
Las nuevas reglas del juego
· Durante los primeros 6 meses después de la entrega, si pierdes tus fotos, te las vuelvo a mandar gratis y sin hacer preguntas. Total, todavía las tengo calentitas.
· Pasados esos 6 meses, el rescate tiene un pequeño peaje de 35€ por sesión. No es una multa por perder cosas (todos lo hacemos, tranquilidad), es lo justo por el tiempo, el espacio en disco y el cariño que cuesta tener años de recuerdos ajenos organizados y a salvo, listos para cuando los necesites.
Y ya está. Sigo siendo la misma que se emociona al abrir una carpeta de hace dos años y revivir contigo esa sesión. Solo que ahora ese pequeño rescate tiene nombre, precio, y una explicación con sentido del humor en vez de vivir en la sombra.
Consejo gratis (este sí, para siempre)
Si quieres ahorrarte hasta esos 35€: en cuanto te entregue tus fotos, haz una copia en dos sitios distintos —tu ordenador y un disco externo, o tu ordenador y la nube—. Con eso reduces muchísimo el riesgo de un disgusto de verdad. Y si aun así un día pasa lo peor… ya sabes dónde estoy. Con ganas, con cariño, y ahora también con las cuentas un poco más claras. 💛